Jaycel Nova
SOLEDAD DEL EMPRENDEDOR 3 min de lectura

La soledad del emprendedor: cuando nadie ve lo que tú ves

La soledad del emprendedor: cuando nadie ve lo que tú ves

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La soledad del emprendedor: cuando nadie ve lo que tú ves

Hay algo que nadie te advierte cuando empiezas a soñar en grande: que vas a estar solo. No solo solo — sino solo rodeado de gente.

Tu visión es tuya. Solo tuya. Y es muy probable que nadie más la vea. No porque seas raro, sino porque no todos tienen la capacidad de entrar en tu mente y ver lo que tú ves. Eso no es un defecto de ellos. Es simplemente la realidad del que va adelante.

Cristóbal Colón le presentó su idea a la Corona portuguesa. Se la rechazaron. Se la rechazaron dos veces. Años después, España le apostó — no porque creyeran del todo, sino porque el hombre no paraba. Cruzó el Atlántico con tres barcos, tripulación asustada, y un mapa que era básicamente fe. Lo que encontró al otro lado cambió el mundo. Los que dijeron que no, quedaron en los libros como footnote.

El problema viene cuando esas personas — las más cercanas, las que más quieres — empiezan a hablar. Y tú los escuchas porque los respetas. Porque los amas. Y sus palabras pesan más que las de cualquier extraño.

"Eso es muy arriesgado."
"¿Y si no funciona?"
"Yo solo te estoy advirtiendo."

Y entonces aparece la pregunta que te come por dentro: ¿qué vale más — la inacción para evitar el te lo dije, o fallar y aprender, o quién sabe, ganar?

Walt Disney fue a 301 bancos antes de conseguir financiamiento para Disneylandia. Trescientos uno. ¿Cuántas veces te habrías rendido tú? ¿Cuántas veces te habrías convencido de que "quizás tenían razón"? Disney se hizo el sordo. No porque ignorara la realidad — sino porque su visión era más ruidosa que el rechazo.

Porque hay tres caminos. El primero: no haces nada, y te quedas seguro, cómodo, y vacío. El segundo: intentas, fallas, y aprendes más en seis meses que ellos en diez años. La derrota es buena consejera. El tercero: intentas y ganas. Y nadie que te frenó te da crédito por eso.

Lo que más cuesta no es el fracaso. Lo que más cuesta es sobreponerse a la voz de los que te rodean — sabios en su propia opinión, encerrados en su propia experiencia — mientras tú estás viendo algo grande que ellos simplemente no pueden procesar.

Ellos no están mal. Ellos ven lo que pueden ver. Tú estás viendo otra cosa.

El soñador no es el que no tiene miedo. Es el que escucha las advertencias, siente el peso de la duda, y camina de todas formas.

No porque sea valiente.

Sino porque no puede hacer otra cosa.


Nómada loco, noctámbulo y soñador. Un vagabundo.

— Robi Draco Rosa

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