Jaycel Nova
relaciones 2 min de lectura

La persona que me devolvió el amor propio

La persona que me devolvió el amor propio

Jaycel Nova Profile
Jaycel Nova

La persona que me devolvió el amor propio Hero
La persona que me devolvió el amor propio

El Pastor Marobi Vargas me dijo algo que no olvidé: "Usted es una persona buena e inteligente, pero hay muchas cosas que sanar."

No fue halago. Fue diagnóstico.

En ese momento no sabía qué significaba. Creía que la sanación venía de adentro, de controlarlo todo, de no necesitar validación externa. Creía que la vida era un problema a resolver.

Pasé años así. Reactivo. Sosteniendo tensiones que no dominaba. Soñando en lo que no podía hacer por falta de mil cosas. Y cuando era necesario actuar, actuaba. Punto. Resolvía. Seguía. No había espacio para sentir lo que pasaba en el medio.

Ese era yo: un hombre construido para la acción, no para la vida.


Erika entró a traer risas.

No vino a rescatarme. Vino a vivir conmigo. Y en eso, sin que lo propusiera, empezó a reconstruirme.

No fue validación. Fue algo más sutil. Fue sutileza de mujer. Fue decidir casarse conmigo a pesar de más diferencias que un puzzle. Fue elegir, cada día, estar ahí.

Ella vivía en el ahora. Yo vivía en el mañana.

Ella me enseñó a actuar, a estar, a experimentar. A no esperar. A vivir mientras construía.

Y funcionó. Cambié. Aprendí.

Pero ella descubrió algo que no esperaba: que en el camino de enseñarme a ser presente, yo seguía siendo yo. Mirando al futuro. Construyendo. Actuando sin esperar. Diferente. Bueno. Pero diferente.

Y tuvo que aprender a aceptarme así. Y sigue aprendiendo.

No fue una elección de una vez. Es un aprendizaje constante. Ella aprende a aceptar que yo viva en el mañana. Yo aprendo a estar en el ahora con ella. Nadie se convierte en el otro.

Nos adaptamos. Y eso duele a veces.


Pero aquí está lo que nadie dice:

Tal vez yo también la reconstruí a ella.

Ella vino a traer risas y presencia. Pero quizás necesitaba a alguien que mirara más allá. Que no se perdiera en el presente. Que construyera estructuras para que ella pudiera reír dentro de ellas. Que actuara sin esperar validación, sin dudar, sin quedarse esperando.

Dos personas rotas.

Una necesitaba aprender a vivir. La otra necesitaba aprender a soñar para alguien más.

No nos salvamos mutuamente. Eso sería demasiado limpio, demasiado de película.

Nos reconstruimos mientras intentábamos entendernos siendo lo que somos. Ella en el ahora. Yo en el mañana. Los dos en la misma cama, en la misma vida, en diferencias que van a seguir chocando.

Pero ahora sé qué significaba lo que dijo Marobi.

No era que estuviera roto. Era que no había aprendido a estar vivo. Y ella me enseñó eso. No haciéndome como ella. Permitiendo que fuera yo, mientras ella también aprendía a ser ella conmigo.

La sanación vino de alguien que decidió estar ahí. Con mis diferencias. Con mi futuro. Con mi forma de resolver.

Y que en el camino, descubrió que yo también podía estar ahí para ella.

Sin rescatar. Sin esperar. Simplemente siendo.

Habrá quien diga que Dios estuvo ahí.
Tienes mucha razón.
Pero esa es otra historia a contar.
Emprender de a dos
El mayor reto del negocio no va a ser el mercado, ni el capital, ni la competencia. Va a ser la persona que duerme a tu lado.