El tonto desprecia su realidad
El tonto desprecia su realidad
El tonto es el que desprecia su realidad.
Mira alrededor. Mira tu casa. Mira tu familia. Mira lo que lograste hace cinco años que no podías ni soñar.
¿Y qué haces? Lo miras y dices que no es suficiente.
Porque viste que alguien tiene más. Porque leíste un comentario en Internet. Porque tu pareja está frustrada. Porque hay un lugar más lindo. Porque siempre hay algo mejor.
Y lo peor es que lo que tienes ahora —en este momento— es probablemente lo mejor que has tenido en tu vida.
No te das cuenta
¿Sabes lo que es tener estabilidad? Tenerla y no verla. Estar en un lugar donde hace cinco años no podías estar. Y mirar para otro lado.
Los tuyos tienen lo que necesitan. Tienen un lugar donde estar. Tienen alguien presente. Eso es lujo, hermano. Pero tú estás pensando en lo que no tienen.
Tú tienes paz que hace años no tenías. Tienes posibilidad. Tienes herramientas.
Y lo desprecias.
Lo desprecias porque viste a otro con más. Lo desprecias porque hoy ese lugar que tanto quisiste ocupar ya no te satisface.
El ciclo del tonto
Es lo que hace el tonto. Consigue algo. Lo valora por un segundo. Y entonces olvida que alguna vez no lo tenía.
Consigue dinero. Ahora quiere más.
Consigue estabilidad. Ahora quiere lujo.
Consigue a alguien. Ahora quiere que sea diferente.
Y mientras tanto, está destruyendo lo que tiene. Porque nadie se siente bien al lado de alguien que los desprecias.
Los tuyos lo sienten. Ven que nada es suficiente. Aprenden que tener es un acto de disputa. Que siempre hay alguien con más.
Y se vuelven tontos también.
La verdad incómoda
Lo peor es que lo sabes. Sabes que es ridículo. Sabes que hace cinco años matarías por estar donde estás ahora.
Pero miras hacia el lado. Y todo se vuelve pequeño.
Las redes sociales ayudan. Tu familia ayuda. Tu propia mente ayuda. Todos conspiran para hacerte creer que lo que tienes es basura.
Pero la verdad es más simple: eres un tonto que desprecias su realidad.
Y esa realidad —por imperfecta que sea— es lo mejor que tienes.
La derrota es buena consejera.
