La fecha no se mueve… el tiempo no para
La fecha no se mueve: decidir y arrancar aunque nada esté perfecto
Hace unos días, tuve una reunión de esas que te dejan un nudo en el estómago. No de los que vienen por un problema grave, sino de los que aparecen cuando sabes que te toca tomar decisiones incómodas.
Era sobre algo que llevo haciendo por años: un evento que ha crecido poco a poco, con un equipo de gente que vale oro. Pero también un proyecto donde cada quien tiene su opinión de cómo se deben hacer las cosas. Y, honestamente, todas eran válidas.
El tema es que el calendario no tiene sentimientos.
Ni opiniones.
La fecha del evento está ahí, pintada, inamovible. Y el tiempo no espera por nadie.
Después de horas dándole vueltas, me tocó hacer lo que casi nunca queremos hacer: decidir.
No porque todo estuviera claro.
No porque todo estuviera listo.
Sino porque había que arrancar.
Esperar a que todo esté perfecto suena bien en teoría.
En la práctica, casi nunca pasa.
Siempre falta algo.
Siempre hay algo que se puede mejorar.
Siempre alguien lo haría distinto.
Y si te quedas ahí, esperando ese punto ideal, lo único que haces es no avanzar.
Así que decidimos con lo que había.
Sabiendo que algunas cosas se iban a ajustar en el camino.
Eso no cayó bien en todos.
Una persona valiosa decidió dar un paso al costado.
Duele. Claro que duele.
Pero también es parte de lo que pasa cuando las cosas dejan de ser discusión y pasan a ser acción.
En todo momento lo mantuve profesional.
Nunca fue personal.
Pero eso no evita la incomodidad cuando se cruza esa línea entre opinar y ejecutar.
Al final, el evento sigue adelante.
No porque todo esté perfecto.
Sino porque avanzar imperfectos era mejor que quedarnos detenidos buscando una versión ideal que probablemente nunca iba a llegar.
El evento sigue en marcha.
Y, como siempre, mil cosas se han ido resolviendo sobre la marcha.
Después de seis años haciendo esto, hay algo que ya no cuestiono:
arrancar es siempre el primer paso.
Lo demás se construye en el camino.
Si uno lo piensa bien, la verdad es incómoda:
nunca es el momento perfecto.
Nunca todo está alineado.
Nunca todo el mundo está de acuerdo.
Y aun así, lo que avanza… es lo que empieza.

